domingo, 24 de agosto de 2008

Standards

Cuántas veces ha escuchado Body and Soul, All the Things You Are, Misty, My Funny Valentine, Summertime, Round Midnight, Lover Man, Stella By Starlight... Si le da un vistazo a sus discos de jazz encontrará que estos y otros pocos temas se repiten una y otra ve, que usted los frecuenta a menudo y que, sin duda, son los que lo mantienen unido al jazz, los que lo hacen sentirse parte de él. Pruebe y verá. Si usted tiene doscientos o trecientos discos de jazz, resultará con por lo menos veinte versiones de algunos de ellos, todas con su sello propio, al tanto que parecen compuestas por cada músico en el momento que decide interpretarlas.

Son los standards de jazz, esas canciones populares que logran llegar al cielo. Porque captan el interés de algún músico de jazz que hace una versión propia, rica en expresión, con una estética única y que luego, por su melodía, por lo que expresan, por quién sabe qué razones, se riegan por todo el ambiente logrando seducir y desafiar a músicos del jazz de todos los tamaños, que encuentran en ellas los elementos necesarios para proyectarse, para conversar entre ellos, para compartir sus sentimientos con quienes lo oyen, para construir historias musicales, hasta convertirse en temas casi obligados, en parte de esa fuerte tradición popular que está en la base del repertorio jazzístico.



Un ejemplo claro es Night and Day, de Cole Porter, el legendario compositor de música popular y temas para musicales de Broadway. Pues bien, Night and Day fue el tema de Gay Divorce, estrenado el 29 de noviembre de 1932 por un Fred Astaire debutante esa noche, junto a Claire Luce. ¿Cuántas versiones se han grabado de Night and Day? Imposible decirlo, pero lo cierto es que Gay Divorce se puso en escena 247 veces esa temporada, siendo también la obra con la que Astaire se presentó por última vez en Broadway. El tema se hizo parte del repertorio de gente como Frank Sinatra, Bing Crosby, Art Tatum, Stan Getz, Michel Petrucciani, María Rivas y se tocó en cerca de 20 películas, desde la versión para cine de Gay Divorce en 1934, con Ginger Rogers, hasta De Lovely, de 2004, la cinta sobre la vida de Porter. Mientras escribía esta nota tecleé Night and Day en mi buscador de iTunes y encontré diez versiones en mi computador.


Pero ¿de dónde vienen los temas que se convierten en standards del jazz? En lo más profundo de esta historia están los compositores y editores del Tin Pan Alley, esa primera etapa de la industria musical anterior a la radio y los discos, en la que las composiciones exitosas se vendían en partituras para ser interpretadas; luego vinieron los compositores de las comedias musicales de Broadway, muchos de los cuales habían nacido con el mencionado Tin Pan Alley: Irving Berlin, Jerome Kern, George e Ira Gershwin, Johnny Mercer, el mismo Cole Porter, Hoagy Carmichael y más recientemente Stephen Sondheim, por ejemplo. Hollywood y la industria del cine también serían un motor importante para poner composiciones en el canon jazzístico.


Los mismos músicos de jazz produjeron standards legendarios: Ellington, con Caravan, In a Sentimental Mood, Prelude to a Kiss, Sophisticated Lady, Dont Get Around Much Anymore, por mencionar sólo algunas; Dizzie Gillespie con A Night in Tunisia y Two Bass Hit; Thelonius Monk con Ruby My Dear y Monk´s Dream.

En los 60, Brasil también aportó gran cantidad de temas a esta tradición: Mais que nada, Dindi, Corcovado, La Chica de Ipanema


Pero, bien… Releo esta nota antes de concluir y pienso que quizás ha sido un error hablar de los compositores de los standards y no de quienes los convirtieron realmente en standards, haciendo sus increíbles versiones una y otra vez (trato de evitar a toda costa las palabras intérprete e interpretación, porque las considero estrechas para el trabajo que hacen los músicos de jazz con los temas que desarrollan, casi los reinventan cada vez que los tocan): Billie Holiday con Body and Soul, Errol Garner con Misty, Getz con Night and Day, Miles con Autumn Leaves, Sassy con April in Paris, Bill Evans con My Romance, Coltrane con My Favorite Things. Y acá paro porque si no esta nota no se terminaría.

Y, excúsenme, no puedo realmente terminar sin hacer una venia al que creo el más importante compositor de standards y quizá uno de los más importantes músicos de América: George Gershwin, una verdadera mina de oro para el jazz. Hizo por ejemplo Porgy and Bess, el musical que es en sí mismo un standard lleno de standards: Summertime, I loves you Porgy, My man´s gone now, It Ain´t Necessarily So; pero también compuso An American in Paris, Rhapsody in Blue, Someone to Watch Over Me, My One and Only, etc, etc, etc.

Quizá, como decía, son los standards los que nos hacen amar el jazz, los que lo hacen entrañable, cercano, los que nos dicen más cosas, los que nos hacen parte de él.

1 comentario:

Fernando Visbal Uricoechea dijo...

Felicitaciones Bernardo. Creo que te demoraste en empezar este Blog. Me parece más cómodo escribir sobre Jazz que conversarlo. Poder consultar notas y revisar los integrantes de los grupos y su participación en distintas presentaciones permite ser exageradamente preciso, sobre todo cuando se es tan respetuoso de los grandes. A veces exagerándolos por la pasión que despiertan. Esa admiración los hace inhumanos, en el sentido musical de la palabra. Uno quisiera saber qué circunstancias personales provocaron la música, pero que no son la música. Todo eso que puede decirse cuando se admira un disco, es lo buscaré acá. No los datos.
Las dos entradas que más me gustaron fueron las dos últimas…Dejo acá otra lista lista -de 100 discos- de jazz muy renombrada…en las que están muchos de tus escogidos pero no todos.

http://www.newyorker.com/online/2008/05/19/080519on_onlineonly_remnick