Hablo de discos y no de temas o canciones porque creo que el disco es una unidad cultural importante, al ser la expresión coherente de un momento y una perspectiva creadora; un concepto, una tajada de sentido musical en la obra de un músico; así algunos de estos discos sean en realidad invenciones del editor del sello, o ajustes con productos de varias sesiones de grabación. Eso no invalida el que, producto de la expresión musical o de una dinámica comercial, el disco se convierta en la obra por antonomasia, sobre todo en el jazz.
Cuáles son entonces, y sin más rodeos, esos otros diez.

1. En primer lugar y sobre todo un disco que le podría disputar a Kind of Blue su carácter de obra definitiva del jazz: Solo Monk (Columbia, 1964). En este disco, que Thelonius grabó solo con su piano en los estudios de Columbia entre 1962 y 1964, se encuentra desnudo y expuesto el sentimiento vibrante del jazz, de cómo late en los nervios de alguien una expresión musical viva y profundamente humana. Thelonius es sin duda un músico complejo, que en este disco deconstruye y reinterpreta los elementos del jazz. Una recopilación de los temas de este album y otros del mismo conjunto de grabaciones se encuentra en Monk Alone (Columbia Legacy, 1998).
2. Sarah Vaughan w/ Cliffrod Brown (Verve, 1954). Esta gran cantante y pianista de jazz, una diva indiscutible del género, hizo junto a Clifford Brown en la trompeta, Jimmy Jones en el piano y John Quichette en el tenor, entre otros, un disco lleno de sensibilidad, transparente, muy del cool. Apenas un año después de su debut en el disco, Sassy logró una obra limpia, llena de matices en su voz, de emociones, intensa pero contenida. Una maravilla.
3. Joe Pass es a la guitarra lo que Bill Evans o Thelonuius Monk son al piano: un verdadero virtuoso. Y es precisamente Virtuoso (Pablo Records, 1973) el primero de lo que sería toda una serie de álbums editados con ese nombre, el que lo haría famoso y se convertiría en una pieza esencial para todo el jazz por su particular interpretación de standards fundamentales y su concepción del solo en la guitarra acústica. Un clásico del género.
4. Es inevitable aquí reincidir en Miles Davis, que ya está doblemente mencionado en mi decálogo. Y es que Sketches of Spain (Columbia, 1959) constituye un hito en el jazz orquestal. Allí la formación y los arreglos aportados por Gil Evans, antes que limitar o inhibir la expresión de la trompeta de Miles, constituyen un firmamento vibrante sobre el cual atraviesan los sonidos de la trompeta. Deslumbrante.
5. Hay un disco poco conocido de Coltrane, Stardust, de 1958 (Prestige), en el que toca con la sección rítmica del quinteto de Miles: Red Garland en el piano, Paul Chambers en el contrabajo, Jimmy Cobb en la batería, y como trompetistas Freddie Hubbard y Wilbur Harden. En esta obra muestra su sensibilidad y su intuición para hacer baladas, y la profundidad y sensualidad que lograba al tocarlas, aunque no fuera su música predilecta. Hermoso.
6. Keith Jarret es quizás el más cultivado y versátil de los herederos vivos de los grandes jazzistas. Y lo lógico sería mencionar en esta lista su Koln Concert (ECM, 1975), una obra que logró llegar mucho más allá de los conocedores, para convertirse en un ícono musical de los 70, y abrirle las puertas a un sello ya mítico como ECM, que es a su vez toda una propuesta de jazz. Sin embargo Jarret produjo una obra mucho más ambiciosa, enclavada en la más pura tradición jazzística, pero que muestra una postura innovadora y muy personal: los seis discos que se lograron de sus presentaciones de junio de 1994 en el Blue Note de Nueva York, con Gary Peacock y Jack de Jonette. Impresionante. Keith Jarret at the Blue Note (ECM, 1995).
7. Y si se trata de posturas innovadoras del jazz, que también tocaron a los amantes de rock y que atrajeron a muchos de ellos a estas toldas hay que mencionar As Falls Wichita So Falls Wichita Falls (ECM, 1980), de Pat Metheny y Lyle Mays. Metheny es un músico que se mueve en un amplio espectro musical y que ha desarrollado un lenguaje propio para expresar un universo musical etéreo, aéreo, profundo y vibrante. Esta es una obra redonda, un viaje interminable, sorprendente, que abrió las puertas de una nueva perspectiva en el jazz.
8. Sonny Rollins tiene también un lugar en esta lista, y sobre todo entre los grandes del jazz. Su saxo tenor desgarrado y profundamente melódico es quizá el más importante del hard bop, después del de Trane. Su obra, ya clásica, Saxophone Colossus (Prestige, 1956), con Tony Flannagan en el piano y Max Roach, otro grande, en la batería, está llena de ricas sonoridades, con una narrativa personal, elegante, que muestra cierta fogosidad más evidente en otros trabajos.
9. Otro clásico del jazz rock, que se convertiría en semilla de muchos grupos y artistas es Chick Corea, y sobre todo lo que hizo con su banda Return To Forever: Stanley Clarke, Joe Farrel, Airto Moreira y Flora Purim en una primera formación. Posteriormente con Clarke, Lenny White y Al Di Meola, publicó Romantic Warrior (Columbia/Legacy, 1976), un ambicioso viaje al mundo de las fusiones. Complejo pero lírico. Inquietante.
10. Y finalmente quiero mencionar un disco iluminado, creativo, minimalista, profundo. Se trata de 1 + 1 (Verve, 1997), en el que Herbie Hancock toca con su viejo amigo y compañero de muchos grupos Wayne Shorter, y lo hacen en una atmósfera intimista, con un lenguaje ingenioso y muy evocador.

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